No al protocolo de represión de Patricia Bullrich

Otra pieza cae en el panel de control macrista, configurando una imagen truculenta, o al menos inquietante: el Gobierno decidió instituir un protocolo de represión de la protesta social con amplias facultades policiales.

Tanto por su ponderación de derechos (que resguarda la libre circulación en detrimento de los derechos de manifestación, reclamo y expresión) como por la forma en que plantea subsanar un choque entre ellos, con dicho protocolo la represión retoma un lugar central como instrumento de “resolución de conflictos”.

En un marco con Milagro Sala encarcelada por “averiguación de delito” y Pedro Blaquier orondo por Jujuy, con Szpolski y otros vaciadores orondos por Puerto Madero, la ministra de Seguridad Patricia Bullrich chucea a las protestas venideras: “Les damos 5, 10 minutos, y si no se van los sacamos”, proyectando una escena con armas de fuego bajo mando del jefe del operativo, ya que los mandos funcionales serán quienes decidirán qué temperamento tomar ante la protesta.

La Gremial de Prensa no cambia de idea y sigue sosteniendo que la represión de las manifestaciones populares es una duplicación de la injusticia, de la que nace la protesta social y que cualquier implementación bajo mando policial y con armas de fuego es una amenaza, un chantaje: un arma humeante ante el rostro de la democracia.

Anuncios